"Caminante, no hay camino, se hace el camino al andar".

martes, 8 de mayo de 2012

Caídas.

Empezaré esta entrada poniendo un ejemplo real. Hace un par de años tuve una caída algo fuerte, me levanté con las rodillas ensangrentadas, preocupándome básicamente por las medias (curioso, ¿verdad?, supongo que no quise ver la gravedad del asunto). Me levanté del suelo aunque me dolió hacerlo, puse unas cuantas tiritas, los tacones y seguí mi camino. Cuando estaba en la fiesta había veces que tenía que ir a cambiármelas, porque las tiritas se manchaban de sangre, ya que no paraba de salir. Pero esa caída y esas heridas no impidieron que yo me levantara y continuara hacia adelante. ¿Que si dolía? Pues claro que dolía, pero con el tiempo cicatrizó y ahora ya no duele aunque esas cicatrices me siguen recordando aquella caída.

Y os preguntaréis a qué viene esta anécdota, pues bien. Cuando nos caemos, nos levantamos, pero aunque ya te hayas conseguido poner de pie, esas heridas siguen doliendo por un tiempo... Más tarde dejan de doler y cicatrizan, pero de alguna manera esas cicatrices nos siguen recordando el pasado.
Al levantarnos, podemos volver a caer del mismo dolor provocado por la caída anterior. Pero nos habremos levantado una vez y lo volveremos a hacer las veces que sean necesarias. Seguirá doliendo y seguirás recordando, porque la memoria no se puede borrar cuando uno quiere... ojalá... Poder decir "ésto no me gusta", "este día no me porté bien", "no me gustó lo que vi"... Y simplemente apretar un botón en el que pusiera  "BORRAR". Muchos lo apretarían sin pensárselo dos veces, ¿verdad? Pero piensa... ¿Realmente vale la pena borrar ese recuerdo?, ¿Ese momento de tu vida? Ya que puede que no te haya gustado o te duela incluso, pero vivir eso te ha llevado a madurar, a confiar o desconfiar, te ha llevado a ser quien eres. Si lo borras estarás destruyéndote a ti mismo, rompiendo una vida. ¿Vale realmente la pena? Yo creo que no, sería demasiado fácil, demasiado simple... La gente no se pensaría las cosas dos veces ya que después podrían olvidar si no les parece bien algo, podrían obrar sin pensar, obrar muchas veces mal. La vida sería demasiado sencilla y, para qué nos vamos a engañar, hacemos las cosas complicadas porque nos gusta lo difícil, los retos... Las cosas fáciles no valen la pena y es que una meta con difícil acceso esconde una mayor recompensa.
Quién sabe si no nos habrán borrado la memoria alguna vez, yo al menos no lo recuerdo. Por lo que a mi respecta, ese botón de momento no existe, por suerte o por desgracia (cada uno puede decidir qué hacer con su vida, si no le vale la pena recordar).

No hay comentarios:

Publicar un comentario